9 de febrero de 2010

Goodbye


Lloraban en silencio los robles de aquel lugar, contagiados por esa absurda melodía que atormentaba su mente sin piedad.

Ella yacía inmóvil sobre la hierba, rozando con sus diminutos dedos la fría escarcha de una noche de invierno. Impasible contemplaba el oscuro y vacío horizonte que se abría ante su débil cuerpo de niña atormentada, carente de esperanzas y sueños. No había nada tras la negrura de la noche, absolutamente nada ni nadie.

La pequeña inspiró aire profundamente tratando de mantener la consciencia de sus pensamientos. Mientras, sus oídos pitaban desconsolados en un grito de auxilio. Sin embargo, su rostro se mostraba frío e inmutable... petrificado como el de una extraña gárgola. Nadie se podía imaginar qué era lo que le ocurría, quizás no le quedasen fuerzas para expresar, quizás no le quedasen lágrimas para llorar...

Una gélida brisa nocturna recorrió en ese instante sus esqueléticos brazos maltratados que derramaban un fino hilo de sangre ardiente. Fué en ese momento cuando comprendió que nadie iría a salvarla esta vez, que había agotado todos sus comodines y ése era el final, su gran final. Sus frías y rojas mejillas se inundaron de lágrimas de cristal y con un débil lo siento, se dejó caer en un profundo sueño sin final.

2 comentarios:

Truaris dijo...

Que bien expresado, como los buenos libros y las grandes historias ^^, tal vez frío y triste, pero igualmente es bonito. ^^

Miguel Ángel dijo...

Hala, qué triste...